Las mismas caras, los mismos gestos, amigo mudo…

esperanza

Allí estaba él, contracorriente. No era más que una minúscula gota de ilusión y esperanza en un océano de corbatas y rostros perdidos en la nada. Un soplo de aire fresco que chocaba contra un muro amorfo de gente llena de preocupaciones y prisas sin sentido.

Bordón en mano y macuto a la espalda, desafiaba a los grandes colosos de cristal y hormigón con la simpleza y sencillez propia de los que caminan en esta vida con un objetivo claro y definido.

Cuando lo vi, no pude dejar de sentir lo que sentí cuando sentía lo que era. Sin duda alguna iba camino del Sol, camino de la esperanza y la vida, camino de ella…

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