Algunos signos evidentes de ya hemos superado la crisis (la económica)

De hacer caso a lo que se nos dice desde los medios oficiales, las pensiones van a seguir subiendo hasta el año 2022 al ritmo “trepidante” del 0,25%. Las mismas fuentes nos informan de que, en ese mismo periodo de tiempo, la pérdida del nivel adquisitivo de las pensiones se puede cifrar en un 7%. Claro que, este alentador pronóstico, parte de la presunción de que la crisis que disfrutamos no es sistémica, sino coyuntural. Lo cual es mucho presumir.

Acabo de oír otra noticia que contribuye a que podamos encarar el futuro con cierto optimismo. Se registra un crecimiento de la prostitución entre jóvenes menores de origen español. En alguno de estos casos, al menos, los precios que ha impuesto el mercado, -ese señor tan justo y sabio como nos repiten continuamente desde según qué sitios-, son más bien modestos: ¡15 euros el acto!

La dialéctica gubernamental a la hora de justificar la subida de las tarifas eléctricas, tras sobrepasar la actitud “vehemente” empieza a rozar lo grotesco. Ya, de por sí, resulta un tanto sospechoso que las actuales autoridades acusen con tanto ardor a los agentes atmosféricos como culpables de las subidas de dichas tarifas cuando, si creemos sus anteriores declaraciones, las “puertas giratorias” ni han existido, ni existen ni existirán. Pero es que las tales autoridades han pasado a la fase de anunciarnos la fatalidad -de origen cósmico, por lo visto-, de que suba el precio del recibo de la luz. En ese sentido, tanto da que sigamos sufriendo la “pertinaz” sequía como que sobrevengan lluvias torrenciales, ciclogénesis o se nos eche encima el anticiclón de las Azores. Da igual: los españoles hemos nacido para sufrir, y debiéramos sentirnos unos afortunados por gozar de un servicio público de la calidad como el que nos prestan las compañías eléctricas.

¡Chapeau, Sr. Rajoy! Cuando miramos a los gobernantes de nuestro entorno no encontramos ningún otro que reúna los méritos de estabilidad y de expectativas de permanencia en el cargo como los que adornan a su persona. Y, mucho menos, si se tiene en cuenta que está gobernando en situación de minoría parlamentaria. A cada uno lo suyo. Y de los súbditos, mejor no opinar de momento.

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